Quiso la indignación popular, exacerbada por ciertas carestías y prohibiciones varias (llevar capa y sombrero de ala ancha), que un mes de marzo de 1766 las calles de la capital de España se revolvieran al grito de “Viva el Rey, muera el mal Gobierno”.
Pretendían así los madrileños y algunos nobles descontentos renovar determinadas estructuras del Reino sin cuestionar con ello la legitimidad del monarca, Carlos III.
Con la debida distancia, y sin el tono y el fragor del momento, hay un paralelismo entre aquella llamada a la “revolución sin revolución” y la exigencia de nuestros días de acometer una nueva modernización del Estado. Hoy, se demanda actualizar el funcionamiento de las administraciones sin cambiar sus prestaciones; se aspira a renovar sus estructuras sin limitar los beneficios sociales que éstas ofrecen.
La estructura vertical de la información se ha roto. Hoy, gracias a Internet, millones de personas pueden producir, distribuir y acceder a toda clase de contenidos sin necesidad de intermediarios.
Las Redes Sociales son clave en este fenómeno. Facebook, Twitter o Linkedin –las tres herramientas más conocidas a escala planetaria- se han convertido en canales alternativos de colaboración, de participación y de control ciudadano. Lo curioso de estas plataformas es que, pese a ser concebidas inicialmente como negocios, en poco tiempo han logrado también impulsar auténticos procesos de empoderamiento social, de toma de conciencia colectiva y de reflexión democrática.
Su éxito: la cercanía, la confianza en el otro, la transparencia… y el “fracaso” de los medios tradicionales de comunicación.
La inteligencia nace de la rebeldía, de la disidencia, del inconformismo. Por eso, mientras haya voluntad para superar consensos y haya imaginación para crear otros distintos habrá siempre nuevas oportunidades de progreso.
Un buen negocio, en consecuencia, no es aquel que hoy concita más voluntades ni el que reúne más recursos. Es, simplemente, aquel que sólo unos pocos se animan a dibujar.
El Open Data –o, mejor dicho, el sector infomediario- es uno de esos espacios inteligentes de crecimiento. Y precisamente estos días comienzan a perfilarse sus logros sociales y económicos en España. Entre ellos, por ejemplo, un volumen de negocio dentro de nuestras fronteras equivalente al de la industria de los videojuegos…
¿La protagonista necesaria de esta apuesta? La administración pública española.







