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18/07/1999 / José Luis (@iusufr)

Milenium


El desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación nos abre, a las puertas del nuevo milenio, un infinito abanico de posibilidades. La fibra óptica, la televisión de alta definición, la telefonía sin hilos o la transmisión de datos vía satélite son algunos de los avances que demuestran hasta qué punto la Humanidad camina con paso decidido hacia la conquista de renovados horizontes.
Estos logros contribuyen, de forma decidida, a la eliminación de las barreras geográficas y temporales que los hombres nos hemos marcado durante siglos. De esta manera, lo que en estos momentos se está conformando es una auténtica sociedad internacional, una verdadera “aldea global” por la que circulan, sin cesar y de forma simultánea, miles de millones de mensajes.
La causa principal de este espectacular desarrollo es que, al contrario que otras épocas, las múltiples ciencias que integran el conocimiento humano -como pudieran ser la física, la biología o la informática- ya no avanzan por senderos distintos, sino que se van integrando progresivamente para converger en un mismo punto. Hoy en día sería imposible concebir, por ejemplo, la construcción de una autopista o el diseño de una presa sin la presencia de los ordenadores o las mediciones geográficas y meteorológicas que realizan desde el espacio los satélites.
Sin embargo, esa misma carrera hacia el progreso lleva consigo unos graves riesgos. La posibilidad de que aumenten aún más las desigualdades existentes entre los países ricos y los países del Tercer Mundo se comprende mucho mejor si tenemos en cuenta que aquellas sociedades que antes asuman los nuevos retos tecnológicos serán las primeras en dominar los sistemas globales de comunicación y, por tanto, controlar el acceso a cualquier información o, lo que es lo mismo, monopolizar el futuro del planeta.
Igualmente, queda siempre la duda de que este ingente poder sea sólo usado por individuos honestos y con fines exclusivamente pacíficos.
La década que está a punto de comenzar, la de los nuevos soportes informáticos, la de los vehículos guiados por satélite o la de la realidad virtual puede aportarnos una capacidad de comunicación y una comodidad como jamás hayamos conocido, pero también puede sumirnos en el más terrible de los silencios.
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