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03/03/2003 / José Luis (@iusufr)

Por la Tapia


Más cerca, más próximos. Con ese lema nos anuncia el Gobierno sus buenas intenciones en materia de seguridad ahora que las calles de media España se han convertido en algo así como la avenida principal de Sarajevo: una romería de mafiosos y pistoleros.
Yo no sé si Antonio Peñafiel, el mando defenestrado de la Benemérita en Albacete, estaba tan cercano a sus subordinados como él ha asegurado insistentemente, tan próximo a las inquietudes del cuerpo y de los ciudadanos como reza la publicidad de Interior. Pero lo cierto es que lo fulminante de su relevo ha generado sorpresa. Algunos, incluso, han confesado casi en secreto su indignación.
A mí esta historia no me suena ni bien ni mal aunque, puestos a divagar, me parece que, cuanto menos, ha servido para abrir un nuevo agujero en ese muro de silencio que domina la Institución. No porque las denuncias que le han costado el puesto al señor Peñafiel sean nuevas -abusos laborales, cobro desigual de primas, caciquismo- sino porque proceden de alguien tan autorizado como un teniente coronel, jefe de una Comandancia, y que han alcanzado de lleno a la opinión pública.
Algo, en efecto, parece moverse en los cuarteles. Las mujeres de los agentes, por ejemplo, no dudan ya en criticar las condiciones en las que trabajan sus parejas, por no hablar de los guardias civiles homosexuales, cada vez más activos y menos pudorosos en sus protestas. Ahora bien: el problema es cuestionar ese principio carcelario y tenebroso que reza “con nosotros o contra nosotros”, consustancial al funcionamiento interno de las peores familias de este país.
Hay escrita en una pared, junto a las antiguas cocheras de Aviación, al final de la calle Rosario, la frase “Todo por la Tapia”. Imagino que su autor no pretendía más que parodiar la patriótica divisa que jalona los edificios de la Benemérita aunque, a la postre y sin saberlo, lo que ha conseguido es resumir a la perfección la ceguera con que la máxima jerarquía del Instituto Armado responde una y otra vez a las demandas de democratización de las nuevas promociones de guardias y de la propia sociedad española.
Dudo que el teniente coronel Peñafiel sufra perturbación mental alguna, circunstancia con la que se ha querido justificar su caída, y, sin embargo, no deja de ser una locura -si lo prefieren un acto de valentía- no haber callado sus denuncias y renunciado así a disfrutar de un cómodo pero humillante destierro.
No estaría de más que ahora diera también explicaciones ante los albaceteños, los principales afectados por este asunto, el que ha sido máximo responsable de la destitución. Hablo del señor López Valdivieso, director general de la Guardia Civil.
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