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04/11/2012 / José Luis (@iusufr)

El medio rural frente a la crisis del Estado posmoderno


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Archivo. Jardín Botánico de Madrid.

No siempre se tiene la suerte o la habilidad de dar con libros y escritos suficientemente originales e inspiradores -y no por ello menos incuestionables- como el que firma Félix Rodrigo bajo el título “Naturaleza, civilización y ruralidad“.

Esta obra, en realidad una compilación actualizada de las ponencias y artículos realizados por dicho autor en los últimos años, ha sido objeto hasta la fecha de abundantes, encontrados, apasionados y siempre interesantes comentarios. Con todo, hay que reseñar que tal debate se ha reducido injustamente a círculos muy minoritarios y especializados, fundamentalmete del ámbito del ecologismo, de la denominada “izquierda anticapitalista” y del movimiento “neorrural

Resulta interesante centrarse, por ello, en las reflexiones del libro más amplias y menos anecdóticas que analizan las crecientes tensiones y contradicciones que se están produciendo dentro del actual sistema político y económico, y que las abordan -ésta es la novedad- bajo una óptica ruralista y naturalista radicalmente diferente.

Hay críticas al libro de gran valor y, en líneas generales, bastante bien elaboradas. Es de reseñar, por ejemplo, el texto “Naturaleza, ruralidad y civilización o la invención de la tradición en la búsqueda de una arcadia rural“.

Con todo, la originalidad del enfoque que propone Rodrigo radica, básicamente, en situar al medio rural, sus pueblos, sus recursos y sus usos históricos en el centro ideológico y argumental -más o menos practicable- de las alternativas políticas y económicas que empiezan ahora a enunciarse públicamente para hacer frente al desmantelamiento del Estado del Bienestar.

Este punto de vista nos ofrece una buena idea sobre cuáles son los conceptos de fondo que cada vez más personas, de toda clase y condición, están manejando a la hora de justificar su desencanto con el sistema y de afrontar su huida lejos del colapso económico, democrático y ecológico que parece acechar al mundo posmoderno y occidental.

Estos valores no son otros que los de una renovada toma de conciencia anarquista, agraria y anti-estatal que presenta la crisis del actual modelo de explotación de los recursos -a favor de los mercados y de los flujos globales y globalizadores del capital– como el resultado de un proceso más amplio de desvertebración territorial, nacionalización forzosa, deshumanización y desmovilización social.

Dicho fenómeno se caracterizaría por los siguientes puntos:

  • la destrucción del patrimonio natural y cultural del medio rural;
  • la privatización y monetarización de los recursos agropecuarios y forestales colectivos;
  • el socavamiento de las formas primitivas de democracia comunal;
  • el despoblamiento de los pueblos para nutrir de mano de obra a la urbe;
  • el abandono del policultivo de autoabastecimiento para conformar y concentrar la producción en latifundios.
  • la industrialización intensiva del agro en detrimento de la flora y fauna autóctona, principalmente de los grandes bosques del sur de Europa.

Todo ello, según el autor, no tendría otra finalidad que la edificación en régimen de monopolio, desde el siglo XV pero, sobre todo, del XVIII, de un Estado liberal al servicio exclusivo del capital y representado por un modelo urbano dependiente, aculturizado y de naturaleza artificialmente consumista.

Es recomendable, básicamente, el último de los capítulos, el titulado “Agricultura, medio ambiente y desurbanización en el siglo XXI“, que a diferencia de los bien intencionados pero no bien fundados apartados anteriores (relativos al modelo político y social de la Alta Edad Media española), ofrece referencias empíricas de gran alcance sobre la alarmante destrucción del ecosistema mediterráneo español.

Félix Rodrigo apuesta, como solución de futuro a los males políticos y sociales de nuestro tiempo, por la recuperación de los usos “históricos” del medio rural. Esto es, por la supresión de la economía agraria centralista, estatal, intensiva y orientada a la exportación -en la que se incluye, incluso, la agricultura ecológica-, y por el fomento de:

  • Concejos abiertos y neomunicipalismo;
  • producción orientada al autoconsumo;
  • silvicultura masiva;
  • ganadería autóctona y alimentada en pastos y barbechos;
  • comercio exclusivamente local, basado en el trueque, principalmente;
  • alimentación y agricultura de recolección -frente al modelo cerealista-.

Y todo ello, según Félix Rodrigo, no porque tengamos la opoprtunidad o el deseo de buscar modelos de vida más humanos y menos dañinos para la naturaleza, sino porque el colapso medioambiental del planeta -y con él de toda la Humanidadsólo puede evitarse ya por ese camino.

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